Y así concluía lo que durante años había creído que era mi sueño, sueño poco fructífero. Mirando las escritas paredes del baño de ese bar , me di cuenta que en realidad aquello no era algo que perteneciera a mi, algo con lo que me identificara, ni mucho menos. Me di cuenta que mi realidad estaba muy lejos de aquel antro y que no estaba aún preparada para que la ciudad haga de mi lo que a ella le de la gana. Quizá nunca lo esté.
A pesar de todo que bellas eran esas sombras que silenciosas se proyectaban en el piso. Que danzaban como espectros iluminados a diversas horas del día. Tal como un estudio impresionista.