Me deslizaba, en contra del viento en mi testamento. Centro San Martín;
una falta que no comprendí.
Acurrucada, mientras me contaba lo eterno dejaba en La Boca y en mí. Una calle en la que me perdí.
Murmullo de los burbujeantes, en sus consonantes la voz de cristal. Hipnosis que me alcanzará, peatonales, estrellas de mar.
Yuxtaponía mis manos a ella, sutil envoltorio a recuerdos de ti.
Algodones azules tejí. Me alimentaba, onírico aroma, poética prosa para frenesí. La fragancia en la que me perdí.
Espejos de los espumantes, jardines de infantes, abismos reptil.
Sola para obnubilar...con tus alas turquesa volar.


Del centro tan equidistantes
sus tercios ojales
botones tendrán
Un pétalo me prestará
terciopelo para acariciar



Adicta- Lo eterno